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martes, 20 de mayo de 2014

MUNDO:



Los antiguos se enganchaban de un rayo de luz y a través de el viajaban a otros mundos, a otras partes, la luz de una estrella, un planeta, la luna, eran cuerdas de donde se tomaban.

Sabían que la tierra no era una roca, ni el sol una bola de fuego, sino seres concientes y se comunicaban con ellos y les preguntaban y estos respondían.

Así era la magia que ahora es tomada por locura e ignorancia, mas los antiguos veneraban con amor al mundo no lo destruían, ni se sentían el centro de todo. 
¿Quienes son entonces los locos?

La danza de los dioses, o sea los astros, generan vibraciones que impregnan todo.

Los antiguos sabían que estamos unidos a todo, somos un gigantesco urdimbre, un organismo colosal, simbiótico que actúa en diferentes niveles, y que actuamos de modo dual, desde Nahual y Tonal.

En tiempos modernos perdimos nuestro contacto con el flujo y reflujo del universo, por eso la gente moderna se volvió loca, porque cada quien se siente el centro del universo y solo alcanza a ver su propio reflejo proyectado a todo.

El universo tiene sus círculos donde todo se repite, por eso no hay nada nuevo bajo el sol. Y en un círculo menor, mas cercano, los dioses se sacrificaron para dejar un ejemplo, un camino. Esa es nuestra esfera de acción, por eso hay nubes y tormentas, rayos y días de sol, es decir, luchas y recompensas.
La urdimbre de la vida como tejido que conecta a todo, es hábilmente manejada por la tejedora, entrelaza los hilos con hábil mano, y teje su manta, mas no debe clavarse la vista en esa manta, pues al momento uno queda hechizado y la tejedora te roba el alma.
Así es el reto de la vida entre el entramado, la manta y la tejedora.
La danza cósmica determina todas las cosas, y por esa cosa de los hilos que entran en el telar hechicero, los caminos quedan enredados, la vida queda enredada, y es necesario oír nuevamente la voz interior, la voz divina y ver donde se ha enredado la vida, para seguir el propio camino al atravesar esa urdimbre.

Alex.



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