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sábado, 14 de abril de 2018

La Atencion

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La lógica ontológica no corresponde a la lógica del yo humano animal. Justamente el mundo es el lugar, el escenario para poder lograr una metamorfosis. Pero este mundo no es un valor por si mismo. Nada del universo vale, lo que vale el espíritu. Es ahí donde nuestra lógica de poseer debe derrumbarse por el comprender, el ver, el amar. Al fin quien esta en su centro comprende aquello que el silencio le explica y silencio es el velo de la voz del Espíritu, que no es una "voz", es comprensión.

Las formas son disfraces de lo abstracto. Si puedo comprender lo expresado de quien tiene una experiencia advaita, o quien tiene su vivencia mística. Es que me estoy acercando a lo simple. Las formas son envases, lo que importa es el contenido. Pero si el contenido es malo, es como vino picado. Entonces no estaré bebiendo aquello que nutre el ama. El bien triunfa por su propia esencia. Si yo veo realmente mi miseria no me quedara otra que contemplar a Dios. No vernos, es el problema. Inconsciencia. Si en cambio pongo mi atención en lo divino y ahí la mantengo sin desviarme, se da entonces una elevación en la escala de magnitud de energía. Es psiquicamente hablando. Pero tal elevación me pone frente al espíritu. Y si persevero, la unión se da indefectiblemente.

Porque tanto purismo y definición.
La regla era: "Ama y haz lo que quieras". 
Si nos mueve el amor, esta bien. Si nos mueve el odio y la muerte, esta mal. Es una regla simple. Una regla que aplica a cada persona y también a una sociedad. Si una sociedad se desvía hacia el odio y la muerte ya sabemos que ocurre.

Lo superfluo es para vivir o sobrevivir. Lo esencial en cambio es para el alma. Amar lo superfluo es no nutrirse por dentro. Es solo quedarse con la imagen externa y no escuchar el reclamo interno.

¿Acaso no radica todo en el manejo de la atención? Si digo despojarse les asusta la palabra. Pero para lograr control de tu atención, debes despojarte de quien no sos. Y por demás algo debe tomar control de la atención y ese algo es nuestro lado lucido. Estamos en el punto crucial donde la oscuridad persigue toda lucidez.

La atención la maneja el deseo, no la voluntad. Si mi deseo es lo efímero ahí esta mi atención. Si mi deseo es lo divino, en ello estará mi atención. Por eso el error de Buda. No debemos matar el deseo. Sublimarlo si. Matarlo es absurdo.

El rico ignora el conocimiento de la pobreza, ya que cree que el mismo de por si es algo. El pobre cae en la ignorancia también de creer que el rico es algo. Así es el ego, cree ser algo. El error no es tan pernicioso de por si para el alma (como lo llama buda, la ignorancia) Lo pernicioso es el grado de luz que se tiene al cometer el error. El abismo superior nos abruma al punto que lo negamos y hasta decimos: ¡No existe!
Sin embargo el peligro no esta en si en no saberlo. Sino en el vacío inferior, pues en el caemos cuando por nuestra conducta atrofiamos nuestros sentidos naturales y por ende también nuestra conciencia. Cuando contemplamos a una persona así con lucidez, la vemos como un pozo de demonios. La forma de salir de eso, es vernos. Ver lo que somos hasta asquearnos. Así al asquearnos, poner nuestra atención y vida en algo mejor. Pero si ese globo inflado lleno de miserias se cree a si mismo un dios...Entonces solo un milagro de amor, puede librarle de tal locura.

Es entonces cuando muchos atestiguan, (entre los que también me encuentro), que "la oración", es mantener la atención en lo divino, no importa frente a que te encuentres. Tal estado se llama contemplación. En tal estado ni hay melancolía del pasado, ni ansiedad por el futuro. Solo la plenitud del momento. Paz, que solo quizá puede describir la poesía. De ese modo esa soberbia impropia del yo, se corre, dando paso a la humildad del instante.

Alex